Celebrando la Semana Santa |
47 Mocomoco, 24 de abril de 2006.
Mis queridos amigos:
Hace ya unas semanas celebramos la Semana Santa y en esta ocasión aquí en Mocomoco hubo bonitas novedades. En primer lugar me llamó la atención el amplio número de jóvenes que participaron activamente durante toda la semana. Ayudaron con las oraciones de la mañana, con las actividades con los niños, preparando la liturgia y ensayando la gran novedad, la banda de tambores en las procesiones. Para que lo vamos a negar la vena andaluza uno no la pierde ni aunque cruce los mares. Los tambores salieron acompañando a las procesiones del Domingo de Ramos, el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección. Cierto que todavía estamos lejos de la Semana Santa de Sevilla, pero ahí estamos. El Domingo de Ramos la iglesia se quedó pequeña y el resto de días se llenó al completo. Los paceños, dícese del boliviano de Mocomoco que ha emigrado a la ciudad y viene de vacaciones al pueblo, estaban sorprendidos de la afluencia a las celebraciones y de la devoción con que se vivían. Quisiera resaltar el día de Jueves Santo, como siempre escogí a doce personas, cuatro niños, cuatro jóvenes y dos adultos y dos ancianos, lavé los pies a diez, me detuve y les dije ¿Alguien querría lavar los pies a las dos personas que faltan? pues Jesús nos dio ejemplo de servicio y dijo que hiciéramos nosotros los mismo, ¿alguien estaría dispuesto a seguir su ejemplo? y se levantaron tres mujeres que lavaron los pies a los que faltaban, yo mismo quedé sorprendido de la prontitud con que se levantaron. Y otro gesto que quisiera resaltar es que desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde estuvimos preparando la vigilia pascual con los jóvenes, un grupo entorno a 25 jóvenes preparando todo, los niños quedaron como el coro, cantaban sin miedo a pleno pulmón.
Pasada la Semana Santa viajé a La Paz para recoger los uniformes de los niños del Kinder, sólo hubo un pequeño error, me preguntó el color del baby y le dije “igual que el año pasado, azul” y en vez de hacérmelo todo azul me lo hicieron azul a cuadros blancos, pero bueno, así se nota la diferencia de los que están en primer año y los que ya llevan dos.
Y el fin de semana pasado, fue el gran acontecimiento, la escuela de fútbol en su versión masculina y femenina (por primera vez) salían a competir a la ciudad de Al Alto y de Viacha. Se trataba de participar en cuatro torneos y así nuestros chicos y chicas irían cogiendo confianza. Pero hubo un pequeño error, salimos a las once de la noche de Mocomoco y llegamos las seis de la mañana, y claro a las nueve había que jugar, a cuatro mil metros de altura, en una cancha de pasto sintética y con un sol que nos quemó la piel a todos. No es que busque excusas a nuestra actuación pero hay que tenerlo en cuenta. Además, enfrente teníamos a la Selección de El Alto, hay dos chicas que juegan en esta selección y en la de Bolivia, eso se avisa.
Y por último, informar de los avances del pequeño Ronaldiño, bueno su papá y mamá le pusieron Ronaldo, pero yo le llamo de la otra manera pues no quiero que el niño termine siendo un fiestero nocturno, bueno fiestero nocturno ya lo es porque las noches que me da son de esas interminables. Ahora el pobre está recién vacunado con la vacuna de la polio y la pentavalente, y parece que la reacción ha sido como de resfriado, y pasa la noche quejándose. Aprovechando la vacuna le pesaron y midieron, pesa seis kilos y mide sesenta y tres centímetros, vamos un peso pluma, están en el peso leve, y eso que he empezado a darle papillas
Esta semana comencé a visitar las comunidades, la primera experiencia fue de un gran recibimiento por parte de los habitantes de las comunidades. Otra experiencia fue sentir de nuevo el movimiento de mi columna vertebral sin piedad zarandeada por el coche y por estos caminos. De nuevo comienza a haber numerosos bautizos después del parón por la época de lluvias. De regreso a la parroquia traje a algunos catequistas y me dijeron que el pueblo parece distinto desde que yo estoy en él, es como si el pueblo hubiese avanzado. Y de nuevo me vuelven a decir que ahora que voy a estar un tiempo lejos de esta tierra que van a llorar esperando mi vuelta. Es bonito que poco a poco uno se vaya ganando el cariño de este pueblo y de esta cultura aymara tan difícil de acceder a ella. Para no faltar a sus principios dicen que el día que me vaya vana bloquear los caminos, yo me río porque oigo bloqueo y me pongo nervioso. Quizá yo no sea consciente de los logros que hasta el día de hoy se han alcanzado. Pero si es cierto que veo una iglesia llena todos los días, niños y jóvenes viniendo al catecismo de forma sistemática, y un ambiente muy bonito de convivencia entre todos, creo que poco a poco se van viendo los frutos a la constancia.
“Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”
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